
¿Estamos realmente en presencia de un concepto al hablar de Educación en la sociedad de la información?. El término no emerge con impulso y sentido propios, sino adosado a la retórica de la “sociedad de la información” (SI), anunciada como la sociedad del futuro, del siglo XXI. No tiene un significado único, convive con muchos términos afines sin bordes claros, y tiene escaso desarrollo conceptual, teórico y pedagógico. Igual que en la propia SI, en la Educación en la SI la idea de información, de conocimiento y, crecientemente, incluso de aprendizaje, ha ido quedando reducida fundamentalmente a las llamadas Modernas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), que a su vez tienden a centrarse en la computadora y la Internet, creando así nuevas identidades y formas de inclusión/exclusión: los conectados y los desconectados.
Las tecnologias, ¿al servicio de que proyecto educativo-cultural?
Aproximarse a las comprensiones y usos que viene adoptando la Educación en la SI implica aproximarse a cada uno de los términos que la conforman: “educación” y “sociedad de la información”.
Tradicionalmente, el término educación evoca sistema escolar, educación formal e infancia. El énfasis se ha puesto sobre la enseñanza antes que sobre el aprendizaje. Se ha dado escasa importancia a este último, prevaleciendo los indicadores cuantitativos de acceso y terminación de grados y ciclos. Aprender se confunde con asimilar y repetir información. Suele darse más importancia a la infraestrucura y al equipamiento que a las condiciones de enseñanza y aprendizaje, al punto de vista de la oferta más que al de la demanda, a los resultados por sobre los procesos. La mentalidad escolar ha contribuido a restringir la visión y el campo de lo educativo, separándolo de lo económico, lo social y lo cultural en sentido amplio.
Vistas desde la historia de la educación, las “modernas” TIC constituyen en verdad la última oleada de un continuo. La tecnología educativa o instruccional viene adquiriendo un alto perfil en el campo educativo desde hace varias décadas: en los años 60 y 70 fueron la radio y la televisión; en los años 80 y 90 los textos escolares, el video y la computadora como auxiliar en la instrucción; desde mediados de 1990 domina el escenario la computadora y el cederrón y, en años más recientes, la Internet, desplazando a las “tecnologías convencionales”.
A fines de 1980 la UNICEF adoptó el término “Tercer Canal” para referirse a “todos los instrumentos disponibles y canales de información, comunicación y acción social (que) pueden ser usados para ayudar a transmitir los conocimientos esenciales e informar y educar a la población en asuntos sociales”, asumiendo la educación formal y no-formal como los otros dos canales educativos (UNICEF, 1990). La Conferencia Mundial sobre Educación para Todos (Jomtien, Tailandia, 1990), organizada por a UNESCO, la UNICEF, el PNUD y el Banco Mundial, cifró grandes esperanzas en este “tercer canal” para alcanzar las seis metas de educación básica para todos a cumplirse para el año 2000. Llegado el 2000, no obstante, e incumplidas las metas, éstas se redujeron y los plazos se aplazaron hasta el 2015. Hoy la meta para los países del Sur ya no es la “educación básica” (satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje de las personas, a lo largo de la vida, según ésta fue definida en Jomtien) sino apenas “educación primaria” (4, 5, 6 años de escolaridad). El “tercer canal”, antes pensado como un canal amplio compartido por tecnologías tradicionales y modernas, desapareció de las metas educativas y se redujo a las TIC. El discurso de la Educación en la SI en los últimos años se metió de lleno en el mundo virtual, dejando atrás la discusión acerca de las necesidades básicas de aprendizaje de la gente y adoptando como temas centrales la competitividad y las nuevas habilidades requeridas por el mercado, para “adecuarse al cambio” antes que para incidir sobre él.
Más informaciónEste texto es un extracto del libro Palabras en Juego: Enfoques Multiculturales sobre las Sociedades de la Información. Este libro, coordinado por Alain Ambrosi, Valérie Peugeot y Daniel Pimienta, fue publicado el 5 de noviembre de 2005 por C & F Éditions.